3 versos
Despertar de 2 campanas repicando, un gallo en lo alto de la catedral, cruz gótica que hondea al fuego del verano, y cientos de vidrieras iluminando a pedacitos de arco iris cada trozo de la aldea, hoy es verano…
Niebla, el ruido amenazador de la humedad rasgándote la cara, un pequeño paso que se intenta despegar del suelo mugriento, y mas de una lagrima por ojos irritados, enrojecidos, ante la furia de la niebla, sentados, ante el cansancio de andar por aceras de piedras…
- 3 versos, 3 malditos versos…- Murmuro con rancia y ronca voz un hombre de adelantada edad y cara arrugada, con cara de querer ver mas allá del blanco teñido de gris de aquel pueblo, y con arrugas, de ya haberlo visto. Agarrando con sus ásperas manos un periódico mientras apuraba su cigarrillo sentado en el escalón de alguna vivienda.
-¿Qué hay Gustaff? ¿Aun pensando en esos 3 versos?-Dijo un hombre vestido con cara de bondad y un alzacuellos, caminando a pasos lentos.
- Si padre, ya va un año perdido …-Respondió Gustaff mientras el padre seguía andando.
-Ahí…. pida ayuda a Dios hijo, pida ayuda a Dios…-Dijo el padre ya alejándose de su conversador.
- Ayuda a Dios…que me pida el ayuda a mi cuando tenga q tomar decisiones importantes…-Murmuro para sus adentros.
El hombre, de pelo cano y dispar, con una pequeña perilla también blanca y unas lentes sobre las que miraba al pueblo, se levanto de aquel escalón, estirando sus piernas cubiertas de pantalones parcheados, y guardando su mechero en el bolsillo de su camisa descuidada.
Da pasos torpes, casi perdidos, hacia su casa, las sombras se dibujan sobre sombras arqueadas en cuestas inmensas, difíciles de subir, con sudor cayendo por las cuestas de su cara, con sudor derramándose, sobre las cuencas, de sus calles, llega a su puerta entre una pared desconchada de blanco. Abre la puerta, y da el ultimo paso, la ultima calada, y apaga el cigarrillo en la madera, junto al resto de quemaduras, invisibles por la niebla.
Al entrar en casa deja el periódico sobre la mesa, se descalza, y se sienta en el sofá, ante los quejidos de los muelles de este. Enfrente, en la mesa, los cientos de papeles, apilados, como los edificios del pueblo, teñidos de gris por el ambiente de aquella casa, cuyas ventanas no dejaban entrar casi la luz.
Gustaff coge el mechero como si le pesara tanto como una espada, y enciende la vela, para luego encenderse otro cigarrillo. Coloca sus lentes en el lugar adecuado y coge uno de los papeles, que parece dibujarse como un poema, parpadea lentamente y comienza a leer.
Tras 10 minutos de lectura, con la espalda curvada para poder leer a la luz de la vela, y el rechinar del sofá a cada cambio de posición, Gustaff mancha con círculos húmedos la hoja, sus gafas lloran, y sus lagrimas relucen como el blanco sobre negro. Con la mano casi temblando, y la palma abierta, deja el papel sobre los demás, presionando con fuerza, con desesperación, hasta acabar cerrando sus áspero puño, agarrando consigo mas folios, y cayendo al suelo de rodillas, arrodillado en llanto. Y entonces actúa la desesperación teñida de frustración, se levanta torpemente y mira a la mesa, llena de folios manchados de gotas de arrugas, llena de tristeza, y sin pensárselo, empuja la pequeña vela. El papel se inunda de cera y de llamas, se empapa en ardientes destellos, que no llegan a relucir, en iluminaciones, que no resurgen de la oscuridad, q no consiguen destacar. Solo destaca una botella de ginebra, a la que cubría un periódico, y que ahora se calcina como el resto, y un charco de lagrimas amargas, debajo de un hombre sentado en el sofá, que suspira mientras espera a las llamas, murmurando “solo 3 versos…”.
Y en llamas se consume su recuerdo, de su esposa, con lagrimas de enferma moribunda, con lagrimas, mirándole a sus pupilas profundas, a su amado, y envuelta en sabanas marchitas, con sudores fríos y mano agarrada por mano, que le decía, con palabras que parecían besos
“Solo 3, me quedaban solo 3 versos, para terminar el poema que te escribí…”
Sergio




